
La pérdida de beneficios suele ser el gran problema oculto tras un siniestro. En el momento de sufrir un incidente, pensamos en daños físicos, pérdida de stock, afectación a los bienes inmuebles… Pero el gran riesgo está en cómo parar la producción va a afectar a la cuenta de resultados y cuánto vamos a tardar en poder recuperar una actividad normal.
¿Qué es la continuidad de negocio?
La continuidad de negocio es la capacidad de una empresa para seguir siendo operativa, mantener sus funciones, minimizar las interrupciones y retomar las operaciones con normalidad en el menor espacio de tiempo posible tras un incidente.
Los problemas siempre pueden aparecer (y muchas veces sin previo aviso), pero una empresa resiliente no es tanto la que sabe esquivar esos problemas, sino la que sabe reaccionar rápido cuando ocurren.
La cobertura de pérdida de beneficios es habitual en los seguros de interrupción de negocio.
¿Qué es la pérdida de beneficios?
La cobertura de pérdida de beneficios es habitual en los seguros de interrupción de negocio. Se trata de una garantía que cubre la caída de los ingresos de un negocio a causa de la interrupción de sus actividades por culpa de un siniestro. Esta cobertura busca contribuir a que la empresa mantenga su estabilidad financiera hasta que sea capaz de retomar su actividad con normalidad.
Continuidad de negocio y pérdida de beneficios: un caso real
Hace unos meses, una empresa industrial sufrió un incendio en una de sus naves principales. El daño material fue importante, pero pudo ser controlado. Hubo daños en la maquinaria, gran parte del stock se vio afectado, parte de la instalación quedó inutilizada y se generaron residuos y contaminación derivados del siniestro.
El seguro respondió, llegaron los peritos y las indemnizaciones empezaron a pagarse. Se iniciaron las obras de reconstrucción de la parte más afectada de la fábrica, trabajos que se alargaron durante varios meses. Todo estaba dentro de lo esperado. Por el momento, no había sorpresas.
Hasta que la organización se dio cuenta de que el verdadero problema no era el edificio, el stock, los cristales ni los daños en la maquinaria .El verdadero problema estaba en la cuenta de resultados de los próximos meses. El problema estaba en la paralización de la actividad durante los meses de resurgimiento y en la pérdida de beneficios.
Durante el período de reconstrucción, la producción de la empresa cayó drásticamente, los clientes importantes dejaron de comprar, no se pudieron atender pedidos clave, empezaron a perderse contratos fundamentales y la operativa de la empresa empezó a decrecer. A esto se le sumó que había que atender los costes fijos, como los salarios de los empleados, los alquileres, la financiación o los suministros.
Ahí apareció la realidad que muchas empresas no anticipan con suficiente importancia: el negocio no existe solo en lo físico, sino también en su capacidad para generar ingresos y crecer anualmente.
Un ejemplo de pérdida de beneficios
Este suceso se reflejó en cifras. La empresa facturaba 18 millones de euros anuales, con un margen bruto del 30 % y unos costes fijos anuales de casi 2 millones de euros. Es decir, una facturación mensual de 1,5 millones de euros, aproximadamente, y un margen bruto mensual de 450 000.
El siniestro hizo que la empresa tardara aproximadamente 6 meses en recuperar su actividad normal, y aun así no lograse regresar al nivel de producción y negocio previo al incendio. Así, el margen bruto perdido ascendió a 2,7 millones de euros, mientras se mantuvieron unos costes fijos de 1 millón.
Es decir, la situación generó un impacto potencial de más de 3,7 millones de euros y eso sin contar con que la vuelta a la normalidad no fue al 100 % y la empresa tuvo que hacer frente a la pérdida de clientes importantes, graves penalizaciones contractuales y un daño reputacional que costó mucho de recuperar.
Un problema habitual en las pequeñas y medianas empresas (pymes) es que creen estar bien cubiertas, pero no lo están.
Las coberturas de pérdida de beneficios para pymes
Un problema habitual en las pequeñas y medianas empresas (pymes) es que creen estar bien cubiertas, pero no lo están. Muchas piensan que están aseguradas con unos valores relativamente ajustados y no consideran importante valorar bien sus activos ni sus edificaciones. Son pocas las que revisan periódicamente sus capitales, los incrementos anuales en el IPC, las regularizaciones de stock, las nuevas adquisiciones o la pérdida de beneficios tras un siniestro.
La realidad es que, en el momento en que ocurre un incidente, muchas pymes están en situación de infraseguro. Es decir, es muy habitual encontrar:
- Sumas aseguradas insuficientes.
- Periodos de indemnización irreales (12 meses, cuándo se necesitan 18 o 24).
- Cálculos basados solamente en la facturación en lugar de en el margen.
- Falta de análisis y revisión durante años en los que el margen pueda crecer significativamente y generar un importante infraseguro.
Por ello, la labor del broker no solo es intermediar y asesorar, sino también revisar anualmente que el cliente lleve una correcta gestión del riesgo, entienda bien cómo se calcula la pérdida de beneficios y cómo le ayudará a estar más tranquilo el día que llegue el siniestro.
¿Cómo se calcula la pérdida de beneficios?
Hay varias formas de cubrir la pérdida de beneficios, pero la más común es asegurando el margen bruto, que se calcula como el beneficio neto más los gastos fijos. Este factor es diferente del margen financiero, cuya fórmula es ventas menos costes de ventas.
Es decir, el margen bruto cubre el beneficio de la empresa más los costes fijos (aquellos que siguen existiendo aunque no haya actividad), calculados de forma proporcional a los meses que la empresa interrumpe su actividad.
Además, también entran en juego otras variables clave, como el periodo de indemnización o el tiempo necesario para recuperar la normalidad. También pueden aparecer tendencias de crecimiento, épocas del año dónde se venda más y se generen más ingresos o medidas de mitigación, como producción alternativa o subcontratación.
La importancia de protegerse frente a la pérdida de beneficios
En conclusión, un error en los cálculos no es un pequeño desajuste, puede comportar la pérdida de millones de euros y multiplicar el impacto real de un siniestro. Un edificio se puede reconstruir y una máquina se puede reemplazar, pero el flujo de ingresos perdido durante meses no siempre se puede recuperar.
Por eso, la pregunta no solo es si tengo cubiertos los activos, sino también cuánto tiempo podría sobrevivir la empresa sin operar con normalidad. Ahí es donde realmente se mide el riesgo.

